Cuento: “La elegida” por Manuel Knwell


LA ELEGIDA

 

-“!Tarde! ¡Tarde! Has llegado Mariana a la casa…” le recriminó su madre.

Mariana era una chica de 16 años que vivía en un pueblo muy cercano a la cordillera de la séptima región de Chile, en donde, se ocultaban mitos y leyendas, como es usual en esos lugares de la zona central de Chile. Esta chica resultaba ser muy atípica a las de su pueblo, no le gustaba la música de moda, al contrario le gustaba la música rock y dark, además de leer escritores de ciencia ficción y terror;  tenía una fascinación por los ancianos. Desde que perdió a su padre a los 8 años, fue criada por su abuela Cristalda. Mariana sentía  un tremendo vació que sólo era llenado con el afecto que la anciana que le dio por mucho tiempo.

En las mañanas asistía a la escuela del pueblo y  en la tarde tomaba su bicicleta para ir al bosque a ver cómo los pájaros se escondían entre las ramas de los árboles. Con  el tiempo desarrolló una forma de comunicación con todos los animales, en especial con los caballos y las aves. Se quedaba hasta muy tarde en el bosque sin temerle a nada, a pesar de que la gente de su villorrio contaba que cerca de aquel lugar se reunían algunas brujas para realizar un  “aquelarre” todos los viernes; Mariana aún no lo conocía, ya que era de difícil acceso, más aún porque se movilizaba en  su bicicleta Oxford, de color rojo de los años 80. Su “Tata” se la  había reparado para que su nietecita favorita pudiera andar en ella.

Su madre, Leontina, la retaba todos los días, cuando llegaba a eso de la medianoche, cuando se suponía que debería estar durmiendo,  pero eso a Mariana no le importaba,  ya que sufría de insomnio y se quedaba dormida a las 3 de la madrugada. En ese lapso de tres horas, se servía un caldillo de papas con cebolla en la cocina a leña que su abuela tenía. Aquella anciana la esperaba con la comida calentita, para que su nieta se la sirviera con todo el cariño del mundo. Cristalda era ciega, había perdido la vista después de que fumigaran con avionetas sin previo aviso, unos años atrás. Le cayó el líquido en sus ojos, perdiendo de a poco sus corneas y al final su visión. Sentía que su nieta le podía contar lo que tanto le fascinaba observar: los árboles autóctonos que aún existían en ese sector y los animales (como el zorro o el búho), que se asomaban de vez en cuando en las laderas de los cerros. Pues bien, cada noche su abuela le preguntaba si había visto a esos animales y si aún quedaban árboles  en el sector donde ella había nacido, pues los estaban cortando para usarlos como leña de “hualle” en los pueblos cercanos. Mariana le contaba con sumo cuidado si habían cortado alguno y a qué sector pertenecía, ya que en su mente la anciana albergaba un mapa de todos los árboles que existían. Había confeccionado un catastro de cada uno y se lo pasó a su nieta.

Una tarde mientras la chica se paseaba con su bicicleta  por la plaza del pueblo, otra anciana la llamó y se le acerco:

-“Hija mía, venga donde esta ¡anciana! Que ya poca vida le queda, ¿me hace ese favor?

-¿Qué desea Señora?, dígame no más….

-Hija mía, me han hablado de ti, y con sólo verte supe que tú eres de las nuestras…

-¡Qué!… ¿Qué me quiere decir?

-Qué usted es de las nuestras. Tiene poderes y ha sido elegida por el más grande de todos, para asumir una misión en esta vida…

-mmm…

-Hija mía, debe de creerme y hacerme caso en todo lo que yo le diga, ¿le parece?

-No lo sé, déjeme pensarlo y le digo la próxima semana, ¿ya?

-Ya mi niña, espero su respuesta y vaya con usted ya sabe…

-¡Adiós!”

Pasaron los días, las semanas y aquella bruja seguía insistiéndole a Mariana que hablara con ella. Un día a las afueras del pueblo se encontraron ambas y la bruja la invitó a una fiesta que celebraban San Juan en ese lugar, que esta chica nunca pudo visitar por lo difícil que era llegar. A Mariana le entró curiosidad y le dijo que asistiría. El 23 de junio salieron en la mañana temprano desde la casa de la anciana bruja, como veinte personas en caballos hacia la montaña, partieron muy de madrugada tipo 7 de la mañana, con un frío que calaba hasta los huesos, pero para protegerse todos iban como era típico de la zona con mantas de castilla que eran inmunes al agua y al frio, con botas gruesas de cuero y calcetas de lana de oveja.

Se demoraron 12 horas en llegar a una cabaña ubicada en un risco con un acantilado de unos 300 mts, en donde contaba la leyenda que había sido violada una joven por los arrieros que transitaban esa zona, y al tratar de huir, al ver que los tipos se le acercaban, decidió lanzarse al vació, cayendo a unas piedras con una enormes puntas, siendo su cuerpo destrozado por cientos de partes. Pues bien en ese lugar estos brujos y brujas lo tomaron como un sitio sagrado para hacer sus “aquelarres” y bacanales orgiásticas.

Los hombres se dedicaron a ordenar todos los preparativos, ya que acá las que mandaban  eran las mujeres, que sólo se dedicaban a preparar las comidas y hacer sus pócimas. Mariana observaba atenta todo lo que ahí ocurría, mientras la anciana bruja le explicaba ciertas cosas que ella aún no era capaz de comprender. Al llegar la noche los hombres encendieron una enorme fogata, en donde a su alrededor tenían algunas mesas con seis sillas, y la mesa solo tenía tres patas, con unos enormes manteles de seda, bordados con hilos de oro, cubiertos de plata y loza muy fina de porcelana, Mariana observo algo muy extraño, y era que en vez de usar el tenedor, se usaba una pata de gallina para comer. Pues bien, algunas mujeres y hombres comenzaron a cantar viejas canciones con letras paganas, mientras algunas brujas servían la comida, era carne de jabalí que se traía de Argentina con arroz con papas, el cual contenía algunas especies y era servida una copa de cristal con vino tinto, obtenido de un fundo de la anciana bruja. Todos comían y bebían a destajo, ya que se había preparado comida para cincuenta personas y sólo eran veinte.  Seis caballos llevaron “madama juanas” llenas de ¡vino! Todos comenzaron a embriagarse y a su vez consumían unas drogas naturales hechas con hongos, lo que llevo a una algarabía,  comenzaron a gritar, a cantar, y algunos incluso hasta sexo tuvieron en el mismo lugar, hasta que la anciana bruja se acercó al fuego con un bracero, en donde había matado una gallina negra recién,  comenzó a quemarla ahí mismo, de inmediato llamo  a Mariana, diciéndole a todos que ella sería iniciada, como era de costumbre  en la noche de San Juan se instruyera un nuevo miembro de la secta que presidia la anciana. Mariana se acercó tímidamente y le preguntó qué estaba haciendo, y le dijo que ella no quería formar parte de todo eso. La bruja en un ultimátum ya que la chica no quería acceder a las peticiones de ella, le dijo que si no aceptaba ser parte de aquella secta, le diría un secreto muy grande, que la dañaría de por vida, Mariana no le tuvo miedo y la encaro, la bruja le dijo que de forma directa y con una ira tremenda que su abuela la había regalado al diablo a cambio de algo… y que si ella se negaba a ser parte de ello, sólo le quedaba una escapatoria y era la muerte. La chica al escuchar aquello se volvió loca y sólo atino a correr y de un salto se subió a un caballo y se fue raudamente, sin dejar algún rastro de tamaña acción.

 

Mariana sin saber dónde ir, se dejó llevar por el caballo que por un milagro la dejo muy cerca del camino, ella antes de que la bruja la llamara tomo un puñado de arroz y carne y se lo echo en sus carteras, al otro día al regresar exhausta a su casa, metió las manos al bolsillo y se encontró que la comida se había trasformado en mierda, no lo podía ¡creer! Corrió rápidamente a contarle a Cristalda. Sabía que esa mujer era una “bruja” del pueblo, veía la suerte con las cartas Españolas y además hacía hechizos de amor, sanaba de males de ojos, empachos y era capaz de matar a una persona con  el poder que  tenía. Al contarle a su abuela, ésta se puso muy nerviosa, cuando Mariana le conto lo que había visto y lo que la bruja le dijo sobre ella, cuando la niña le preguntó insistentemente si eso había sido verdad, aquella noche su abuela, que sufría de la presión, no se había tomado la pastilla. Viéndose acorralada por su nieta y sabiendo que guardaba un tremendo secreto que la afectaba y que además tenía que ver con la “bruja”,  no aguanto más y tuvo un paro cardiaco, muriendo y llevándose a la tumba el secreto que sólo ella sabía de su familia.

Pasaron dos años y Mariana que ya tenía dieciocho años, nunca había querido juntarse con aquella anciana. Siempre supo que algo le ocultaba su abuela. Trató de averiguar con su familia, pero nadie sabía nada. Mariana tenía un primo mayor, Orlando, quien estaba  metido en la política y frecuentaba ciertos movimientos pro-Mapuches. Un día hablando con su prima, Orlando la invita al sur a  una comunidad Mapuche, sin saber lo que les esperaría.

Llegaron al grupo, ubicado a unos 70 km hacia la costa de Temuco. Al bajar de la camioneta que los trasportaba con permiso del grupo de indígenas (ya que era una de las pocas que no tenía contacto con los “Winkas”), notaron que todos estaban  en un estado casi de “trance”. Lo que verían Orlando y Mariana sería algo único, que marcaría para la vida de ambos. La Machi de aquella comunidad estaba agonizando y ella había escogido a una mujer joven, de no más de 15 años, la cual comenzó a sangrar por su vagina de forma explosiva, como purgando sus pecados antes de recibir el poder de la anciana Machi. Aquel acto fue observado por todos. Cuando la Machi le traspasó sus poderes a la joven fueron llevadas a una ruca y allí la vieja curandera dio un tremendo grito, más bien un aullido, haciendo que el grupo acercara a la ruca. Vieron como la anciana moría ahí mismo, de forma casi instantánea y a la joven en aquel instante se le cortaba el sangramiento, sanándose completamente.

Mariana en aquel momento tuvo una visión, observó cómo su abuela cuando ella nació se la había regalado a la anciana “bruja”, para de esa forma obtener el terreno, en donde dio a luz y que era de sus patrones. Siempre había anhelado ese lugar y sentía le pertenecía,  y que de la manera que fuese lo iba a obtener, algo  que Mariana jamás se hubiera imaginado de su abuela. La Machi joven supo que esa chica tenía un problema, un “mal” y con premura la llamó para sacarle el daño que su abuela y aquella anciana le habían hecho. Después de luchar por 7 días sin comer ni beber nada, la joven Machi fue capaz de ganarle la guerra al mal y desde ese día Mariana vivió en paz, pero nunca más volvió al bosque, aquel bosque que su abuela empeño a cambio de su vida.

(Manuel Knwell)

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