Literatura | Relato: “Crónicas del pescao’ loco”

20 agosto  2015

Presentamos un relato de Carla Escobar, que se expone como una “crónica” sobre un personaje como protagonista central de ella: el pescao’ loco.

El año 1987  estudiaba en el colegio Padre Alberto Hurtado de Chillán, en ese entonces era thrasher, tenía 13 años. Con un grupo de amigos, fuimos acusados de blasfemar y hacer ritos satánicos en el cementerio. Los comentarios llegaron a oídos de un chico que tenía 10 años que estudiaba en el mismo colegio, su papá era un médico reconocido de la ciudad, Luís me contó que su padre le daba comida al famoso “pescao’ loco”  “mi papá dijo que lo llamaban así porque tenía la cara igual que un pescado con los ojos a puntos de reventarse” repetía Luís y se reía.

El pescao’ loco trabajaba acarreando agua o limpiando tumbas en el cementerio. Un día quedó estupefacto tras ver entrar a una mujer que lo encantó desde el primer segundo, al parecer había perdido a algún ser querido porque llegaba todas las semanas con un ramo de flores, él corría a ofrecerle ayuda para llevar el tarrito con agua y limpiar las hojas de la tumba. Su historia se hizo famosa porque estaba enamorado de aquella hermosa mujer que nunca lo tomó en cuenta, dicen que era la mujer más bella de la ciudad, tenía una figura esbelta, su pelo largo color azabache encantaba a cualquier peatón, el pescao’ loco estaba obsesionado con ésta mujer que pasaba todas las semanas al cementerio.

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Jacob Cortez (lienzo)

El día de su  muerte, asistió al funeral y entierro, había una leve brisa que lo hacía tiritar mientras esperaba la noche detrás de unos árboles. Poco a poco fueron abandonando el camposanto, hasta que se oscureció y quedó solo frente a la tumba de aquella mujer. Profanó su tumba y tuvo sexo con ella hasta el amanecer. Lo que había sido una despedida, se convirtió en adicción, ya que regresó una y otra vez en  busca de algún cadáver para cumplir sus más perversas fantasías sexuales.

Los vigilantes del cementerio comenzaron a escuchar queltehues que con sus estridentes gritos solían darle la bienvenida a algún visitante en medio de la penumbra. Fue así como lo encontraron en diversas ocasiones haciéndole sexo oral o manoseándose la verga mientras le chupaba los pezones a alguna mujer. A patadas lo echaban, pero no había caso, volvía, estaban aburridos, hasta que tuvieron que denunciar la situación,  luego de investigarlo, es acusado por necrofilia.

Luis me llamó en un recreo, porque había sabido que yo “supuestamente” hacía rituales satánicos en el cementerio. Entonces, se acercó a ofrecerme un cráneo que había sacado del cementerio el pescao’ loco para su papá, quien se los  recibía a cambio de comida con el fin de estudiarlos, “Antonio mi papá tiene cráneos y huesos de todo el cuerpo humano” decía Luis mientras abría su mochila y dejaba ver el cráneo que me ofrecía en cinco mil pesos. Asombrado con la historia, se lo pagué inmediatamente, lo llevé a la casa, mi madre al ver que el cráneo era de verdad, no durmió nada durante semanas.

El 2005, habían pasado dieciocho años y mi mejor amigo de ese entonces, conocía a un famoso pintor de apellido Cortez, era el líder de un movimiento sombrío de los años 90 en la ciudad de Concepción, me invitó a conocer su taller. Al llegar, vi dos cuadros que me llamaron la atención, empezamos a conversar y me contó que estaba trabajando conceptos relacionados a mitos urbanos y rurales de Chillán, lo curioso es que en uno de esos cuadros aparecía el rostro del pescao’ loco con su enamorada, fue tanta mi obsesión al saber que era el pescao’ loco, que se lo compré.

El cuadro tenía la forma real del rostro de la mujer, le pedí que la desfigurara ya que estaba muerta, estábamos hablando de un cadáver descompuesto, no podía tener la misma forma, se demoró como cuatro meses en entregarme el cuadro modificado.

Éste cuadro, lo quería adquirir una banda de Black metal de Puerto Montt, quedaron perturbados cuando lo vieron, querían dejarlo como portada de su disco, lo iban a comprar, pero no pudieron, finalmente se disolvió el grupo y nunca fue portada de aquel disco.

Entre el 2006 y 2007, “mi ex esposa, polola en aquel entonces” me dice ¿cómo es posible que aún tengas guardado éste cráneo en la casa? “no te das cuenta que eso te ha traído mala suerte”. Me pidió que lo regresara al cementerio. Acepté y esa misma noche fuimos a dejar el cráneo a la fosa común que estaba en la zona norte del cementerio, estaba empezando el otoño, hacía frío, en el cielo se divisaba una que otra estrella, había una neblina espesa que no permitía ver bien, mi novia encendió dos velas para alumbrar el camino, cuando llegamos la esperma que cayó de las velas prendió un montón de pasto seco mezclado con huesos, para apagar el fuego tomó un puñado de tierra que en vez de apagarse creó una tremenda llama que terminó por encender unos matorrales, fue tan escabroso el fuego que salimos corriendo del cementerio. A la salida, nos encontramos con la mamá de mi amigo que me había presentado al pintor Cortez, minutos después vimos llegar tres carros bomba, ya que en la fosa común se había provocado un tremendo incendio.

Juan era el nombre del  Pescao’ loco, murió el año 2006 y vivió el resto de su vida en la cárcel de Chillán, cada cierto tiempo salía a comprar cosas para comer, lo digo porque lo vi en reiteradas ocasiones comprando carne en uno de los negocios cercanos a casa.

Carla Escobar, Agosto 2015

Más información:

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Link del libro en formato virtual, descargable:

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