BORIS: Indescifrable como el sabor de la sangre, el amor y el caos.

Por Paula Merlo

Pensar en el sonido como una experiencia o como un acontecimiento, podría ser lo más cercano a una descripción sobre la recién pasada presentación de Boris en el escenario del Echoplex. La banda japonesa finalizó en Los Ángeles su gira por Norteamérica promocionando su más reciente álbum LφVE & EVφL, que se lanza oficialmente este 4 de octubre, bajo la etiqueta de Third Man.

Para los afortunados de presenciar el show del domingo, en el barrio de Echo Park. Notamos mientras la banda de rock Industrial Uniform, originarios de New York ya comenzaban la noche, de telón de fondo brillaba el gong que utiliza Boris en una especie de ceremonia, donde las percusiones resuenan a tiempo, junto a los riffs de la  guitarra.

Son casi las 22:15 y las canciones del álbum Thrid de Portishead son las encargadas de apaciguar la ansiedad del público, tras la energética actuación de Uniform .

Los últimos detalles en el Echoplex, lugar donde en el 2018 compartieron escena junto a Melvins. Banda a la cual le deben el nombre de la agrupación y que además los une un sonido, ya reconocido en el circuito drone como: Sunn O))), Steve O’Malley, etc.

No tarda para que la banda completamente vestidos de negro aparezca, tras una cortina de humo. El baterista Atsuo con un maquillaje barroco, cercano a la esencia del arte Kabuki, aumenta la teatralidad de la escena.

La diversificación y la constante búsqueda estética en Boris se ha convertido en un sello de la banda, algo que surge natural, tan orgánico como su música, que navega por sensaciones de rabia, desencuentro a segundos de silencio, que se convierten en estridentes riffs.

Algo indescifrable como el sabor de la sangre, el amor y el caos.

A ratos también recuerda la mejor época de la sicodelia, pero con una oscuridad sin excesos, que quizás sólo lo he escuchado en bandas asiáticas.

– Mencionado esto- Hace una semana tuve la oportunidad de ver a Cornelius frente al mar, en Santa Mónica repasando temas de sus primeros discos a mediados de los noventas, hasta su más reciente entrega. Una sincronización poca veces vista, sin alejarse de la experimentación musical y los elementos disonantes, que caracterizan al músico de Tokio.

Tal vez estas mixturas o excesos vienen de la búsqueda en expandir el territorio sonoro, además de transmitir sensaciones únicas e irrepetibles en cada show.

En el escenario de Boris, podemos ver un instrumento de cuerdas de doble mástil, que inmediatamente te transportan a los setenta, pero esto es un bajo y una guitarra juntos. Además de dos líneas completas de pedales de efectos a cargo de Takeshi. La batería y de fondo el gong que acompaña al sonido hipnotizante de la guitarrista Wata, quien es ovacionada constantemente por los fanáticos. Gracias a que sus largos dedos la ayudan a traspasar la frontera de un guitarrista estándar.

La experiencia no es completa, si no, agrego a esto que la frecuencia de su música logra hacer vibrar. Por lo que no es de extrañar, que cada cierto tiempo se puedan escuchar prolongados gritos entre los asistentes, gritos que se convierten en aislados bailes, para culminar en un convocado mosh al centro del público, tras la canción Pink, casi al cierre del espectáculo.

 

Setlist:

 The Power

Love

To the Beach

(COALTAR OF THE DEEPERS cover)

Journey

Melody

Heavenly Blue

(D-Day cover)

Absolutego

Feedbacker

Shadow of Skull

 Encore:

Akuma no Uta

(with Uniform)

Pink

Statement

Fotos Boris por Paula Merlo.

 

 

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